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Alberto Caraballo

27 Aug, 2026 8 minutes

Cuando un cable submarino llega a un nuevo mercado, la cobertura mediática sigue un patrón predecible: ruta, capacidad de diseño, ciudades de aterrizaje, fecha de entrada en servicio. Debajo de ese patrón subyace un supuesto que rara vez se examina: que llegar equivale a tener acceso.

La capacidad llega con el cable. Un punto de interconexión, no. Dos ciudades costeras que llegaron a ese punto por caminos opuestos vuelven tangible esa distinción.

Dos caminos al mismo lugar, y ninguno de los dos es el cable

Marsella es el caso más claro de un entorno de aterrizaje que hace el trabajo. Un operador carrier-neutral abrió ahí su primera instalación en 2014, y DE-CIX estableció un IXP en su interior en 2015. En tres años, el primer edificio pasó de 46 redes a 134. Algunos sistemas de cable colocaron puntos de presencia (PoP) directamente dentro de la instalación para poder llegar a los proveedores de backhaul ahí mismo, en lugar de tener que sacar el tráfico en backhaul para encontrarlos en otro lugar. Para 2020, el campus albergaba a más de 150 proveedores de servicios de red y la ciudad era descrita como el noveno mayor hub de internet del mundo (Interxion, una empresa de Digital Realty, julio de 2020).

La autoridad portuaria construyó para estar a la altura. Su infraestructura de aterrizaje compartida se diseñó de manera que el equipo terminal pudiera instalarse de forma flexible en otras estaciones de aterrizaje o en instalaciones carrier-neutral, y no únicamente donde el cable llega físicamente a tierra (Port of Marseille Fos).

Fortaleza llegó al mismo destino por el camino contrario. Atlantis-2 entró en servicio ahí en 2000, y más de una docena de sistemas la siguieron, aterrizando en estaciones propiedad de distintas partes, entre ellas Angola Cables, Embratel, GlobeNet y Telxius. Lo que convirtió esa concentración en un punto de interconexión no fue ningún operador en particular. Fue una estrategia nacional de intercambio. Un estudio de 2026 sobre capacidad de peering en los principales IXPs públicos del mundo ubicó a cuatro IXPs sudamericanos entre los treinta primeros del mundo, Fortaleza entre ellos, y atribuyó el desempeño de Brasil a un enfoque nacional coordinado para el intercambio de tráfico (LACNIC, julio de 2026).

Una ciudad llegó a través de un solo operador neutral. La otra llegó a través de muchos operadores de aterrizaje en competencia y un programa nacional de intercambio. A ninguna la llevó ahí el simple hecho de que aterrizaran cables. Fortaleza tuvo cables durante casi dos décadas antes de aparecer en ese ranking.

El cable es la condición previa. Nunca ha sido la variable.

Un cable, varios dueños, una sola puerta

La razón por la que esto importa más ahora que hace cinco años es estructural, y tiene que ver con cómo se construyen los sistemas modernos.

Los cables más antiguos eran llave en mano. Un solo proveedor suministraba tanto la planta húmeda en el lecho marino como el equipo terminal en tierra, y la estación de aterrizaje era el punto donde terminaba el cable de un único operador. Los sistemas más nuevos separan ambas cosas. La capacidad puede asignarse como longitudes de onda (wavelengths), como espectro, o como pares de fibra completos a distintas partes sobre el mismo cable físico, cada una operando su propio equipo en su propio ciclo de actualización. La propiedad diversificada de los pares de fibra es hoy un rasgo definitorio de los sistemas recientes en la región (TeleGeography, Latin America Bandwidth Market Review, junio de 2026). Ciena, que suministra equipo terminal para cables de este tipo, describe el modelo como un desplazamiento de los patrones de tráfico: de ir de estación de aterrizaje a estación de aterrizaje, pasan a ir de PoP a PoP, y hacia la interconexión entre centros de datos.

Así, un solo punto de aterrizaje ahora da servicio a varias partes independientes, cada una con su propia forma de terminar el cable y cada una respondiéndole a clientes distintos. Deja de ser un punto final y se convierte en una puerta compartida.

Las puertas se definen por quién tiene la llave, y eso importa comercialmente a todo el que vende capacidad sobre el cable. Un par de fibra que termina donde el comprador puede alcanzar a decenas de redes dentro del mismo edificio es un producto sustancialmente mejor que ese mismo par terminando donde solo alcanza a una y después tiene que pagar para llegar a algún lugar útil. El acceso abierto en el punto de aterrizaje aumenta el valor de la capacidad. No compite con ella.

Lo cual convierte el acceso, no la capacidad, en la pregunta que vale la pena hacerse

Tres preguntas separan a una instalación costera que se convertirá en un punto de interconexión de otra que seguirá siendo solo un punto de aterrizaje, la llame como se llame:

¿Quién puede llevar backhaul hasta el edificio, y en qué condiciones comerciales?

¿La parte que opera el punto de aterrizaje vende servicios que compiten con las redes que aterrizan ahí?

Una vez dentro, ¿hay algo con qué interconectarse localmente, o el tráfico todavía tiene que viajar tierra adentro para encontrar una contraparte?

Los reguladores han convergido en particular sobre la segunda pregunta. India regula el acceso a las estaciones de aterrizaje de cable desde 2007, bajo el criterio de que una estación de aterrizaje es una instalación esencial, con enmiendas posteriores en 2012 y una revisión de la regulación de tarifas en 2018. En 2026, la Autoridad Reguladora de Comunicaciones de Catar emitió un marco normativo que exige que las tarifas de acceso mayorista sean justas, razonables y no discriminatorias, y que prohíbe expresamente que los operadores de aterrizaje ofrezcan precios preferenciales o aprovisionamiento más rápido a sus propias divisiones minoristas downstream.

Vale la pena señalar el contraargumento, porque los operadores en mercados regulados lo han planteado con fuerza. Varios países nunca regularon el acceso a las estaciones de aterrizaje, y otros retiraron las reglas una vez que la competencia en el punto de aterrizaje había madurado. Visto así, la regulación es un síntoma de concentración, no un rasgo permanente. Las dos lecturas llegan al mismo lugar. La pregunta del acceso se resuelve, ya sea por la estructura del mercado o por un regulador. La estructura es considerablemente más rápida.

El mismo problema, vestido con otra infraestructura

Hay un precedente de esto en tierra firme.

En un cruce internacional de fibra, dos redes nacionales sin ninguna razón comercial para encontrarse igual tienen que encontrarse en algún lugar. La restricción no es de capacidad. Es de gobernanza: de quién es el edificio, de quién son las reglas, de quién es el interés competitivo. Los mercados lo resuelven colocando el punto de encuentro en manos de una parte que no tiene interés en el resultado.

El aterrizaje de un cable tiene la misma forma. Un sistema submarino y las redes terrestres a las que alimenta tienen que converger, y el punto de convergencia pertenece o bien a un participante, o bien a una parte neutral. La infraestructura física es completamente distinta. La pregunta operativa es idéntica.

Esa lógica es visible en el modelo que está tomando forma en la costa mexicana. El sistema MANTA, construido conforme a especificaciones abiertas de cable, aterrizará en instalaciones en Cancún y Veracruz que combinan infraestructura de aterrizaje de cable con un entorno de interconexión neutral, con rutas de continuidad hacia los principales corredores de red de México (consorcio MANTA, marzo de 2026). Tres operadores con intereses comerciales que se traslapan sobre el mismo cable acordaron que el punto de aterrizaje fuera operado por una parte que no compite con ninguno de ellos.

Qué vigilar

Varios sistemas aterrizarán en México y en la cuenca del Caribe en general durante los próximos dos años. Cada uno será un éxito o un fracaso comercial para las partes que posean capacidad en él, y parte de ese resultado se decidirá en tierra, según cuánto mercado puedan alcanzar sus compradores desde el punto donde llega el cable.

Lo que separa a un mercado costero que se convierte en un punto de interconexión de otro que se queda en punto de aterrizaje no serán los terabits que lleguen a tierra. Marsella tardó unos seis años. Fortaleza tardó cerca de veinte. La diferencia nunca fueron los cables.