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Joel Pacheco Gonçalves

24 Sep, 2026 7 minutes

México nunca había tendido fibra de larga distancia tan rápido como ahora. Pero sigue faltando una vía, y es justamente la del centro.

Setenta kilómetros, y ninguna vía hacia el sur

En el condado de Doña Ana, Nuevo México, Oracle construye Project Jupiter, un campus de IA para OpenAI. Cuatro mil empleos en construcción, mil quinientos permanentes y cuatrocientos diez millones de dólares comprometidos con el condado para escuelas, agua e infraestructura. Queda a unos setenta kilómetros del cruce internacional de El Paso.

Ahora imagina a un operador de esa escala que decide instalar un nodo de cómputo en Querétaro. Una decisión de lo más normal. Querétaro concentra la mayor parte de la capacidad instalada de México y es donde están los clientes.

Pero si buscas la fibra que lo lleve hasta allá, no hay nada que comprar. No es que esté congestionada ni que sea cara. Simplemente no existe. Ninguna ruta moderna, subterránea y de alto conteo de hilos recorre el país desde Ciudad Juárez hasta el centro. Así que la obra tiene que desviarse por el este, atravesando Texas, o por el oeste, cruzando Arizona, para conseguir una entrada. Eso suma mil kilómetros de fibra y años de construcción para llegar a una ciudad que queda casi exactamente al sur.

Esto no es un problema de enrutamiento. El tráfico siempre encuentra por dónde pasar. Es un problema de construcción, y es la capa que nadie puede esquivar.

Dos semanas, dos verdades

Pasé dos semanas este mes entre Mexico Connect, en Ciudad de México, y DataCloud, en Austin, y regresé con dos datos que no terminan de encajar.

En Austin, sesión tras sesión llegaba a la misma conclusión: la fibra se está convirtiendo en la restricción determinante para el desarrollo de data centers. La energía sigue frenando proyectos, y en muchos mercados los frena primero. Pero la fibra ha subido rápido en esa lista y, en algunos lugares, ya es lo que decide si un sitio es viable o no.

En Ciudad de México, el ánimo era el contrario. México nunca había construido fibra de larga distancia tan rápido como lo hace ahora.

Las dos cosas son ciertas. La distancia entre ellas es la historia.

Lo que sí se construyó

Axtel activó más de 1,100 kilómetros desde Querétaro hasta Texas en julio de 2025. Neutral Networks puso NEXT en servicio en mayo de 2026: 1,120 kilómetros que pasan por Monterrey hasta llegar a Laredo, con dos de sus tres ductos vacíos a propósito, para lo que venga después. Tikva, de C3ntro, avanza 2,700 kilómetros por el lado del Pacífico rumbo a Phoenix, con el financiamiento cerrado, prevista para este año y con un hyperscaler comprometido antes de que se hiciera el primer empalme.

Gabriel Navarro lo dijo en el lanzamiento de NEXT: “Esta infraestructura está lista, preparada para los próximos 20 o 30 años. La industria puede tener la certeza de que, si hace una gran inversión, el país cuenta con la infraestructura necesaria.”

Unos meses antes, al cerrar el financiamiento de Tikva, Eli Sitt lo expresó con las palabras que más pesan en este negocio. Según dijo, el acuerdo “nos lleva de manera decidida de la visión y la planificación a la ejecución a gran escala”.

Ambos tienen razón sobre el este y sobre el oeste. El centro sigue del lado de la visión en la frase de Sitt.

Lo que el mercado ya nos dijo

En mayo de 2023, Fermaca Networks anunció FN-1: dos mil kilómetros de fibra subterránea desde El Paso hasta Querétaro, pasando por Chihuahua, Torreón, Aguascalientes y Guadalajara. Ciento setenta y cinco millones de dólares para la primera fase. En servicio para finales de 2025.

El mercado no esperó a verla. Zayo se comprometió a vender capacidad sobre la ruta en apenas una semana. Gold Data se comprometió a prestar servicios sobre ella diez semanas después. Un fondo de infraestructura respaldó la primera fase en 2024. Hoy, la ruta no está en servicio.

Dejé de leer esa secuencia como la historia del cronograma de una sola empresa. Tres compromisos comerciales en diez semanas son la industria diciendo a gritos cuánto necesita esta vía. Más allá de lo que FN-1 haya logrado o no, demostró la demanda sin discusión. Y esa prueba sigue ahí, sin que nadie la reclame.

La vía vale más que el cruce

Desde donde estoy, es tentador hablar de esto como una historia de El Paso. No lo es.

Vuelve a leer esa lista de ciudades. Chihuahua. Torreón. Aguascalientes. Guadalajara. Una ruta subterránea moderna no se limita a pasar por los lugares: los crea. Cada una de esas ciudades se vuelve candidata a punto de interconexión, a caché regional, a nodo edge, en fin, una razón para que un proveedor de contenido deje de ver el norte y el centro de México como un sitio por donde el tráfico simplemente pasa camino a Querétaro.

Ciudad Juárez tiene una de las bases de manufactura más densas del continente, y su empleo en manufactura de computadoras creció 238 por ciento en cinco años. El corredor que la atiende debería ser tan moderno como los productos que salen de ella.

Y luego están los operadores de los que nadie escribe. Los proveedores de internet regionales (ISPs) y los inalámbricos (WISPs) a lo largo de esa línea, los que compran tránsito con sobreprecio porque no tienen ninguna ruta competitiva cerca. Una vía nueva le cambia la economía a ellos más que a cualquier otro.

La mitad que ya existe

El extremo norte está construido. Nuestro cruce pasa bajo tierra, por debajo del río, hacia Ciudad Juárez, con varios ductos de fibra de alta capacidad, en servicio desde finales de 2025, y tenemos un equipo listo para construir un segundo. MEX-IX El Paso sigue sumando redes sin el corredor, con peering de Akamai, Meta, Gcore, Totalplay y operadores del norte de México. Crece por sí solo. Lo que podría llegar a ser con una vía de verdad por debajo es otra conversación completamente distinta.

Lo que falta es el tramo hacia el sur, y los tres años de permisos, derechos de vía y conversaciones con propietarios de terrenos que exige construirlo. Tikva y NEXT demuestran que se puede hacer aquí, ahora, a un precio que la industria ya ha demostrado estar dispuesta a pagar.

De vuelta al desierto

Ese campus a las afueras de Las Cruces va a entrar en operación. Otros vendrán detrás, a ambos lados de la frontera. Cuando sus operadores busquen un camino hacia el centro de México, se van a topar con lo mismo que cualquiera desde 2023: una vía que todos coincidían en que era necesaria, con la que tres empresas se comprometieron antes de que existiera, y que todavía no se ha construido.

La demanda nunca fue la pieza que faltaba.