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Alberto Caraballo

27 May, 2026 9 minutes

La historia hyperscale de México sucede tierra adentro. Ciudad de México, Querétaro y Monterrey concentran la capacidad de cómputo del país, y ahí se concentra también la mayor parte de la conversación sobre infraestructura digital mexicana. Cancún rara vez aparece en esa conversación, y medida por capacidad instalada no necesita aparecer. El despliegue hyperscale está ocurriendo más al interior.

Pero si medimos a Cancún contra otra pregunta, la de por dónde entra y sale el tráfico internacional del país, el panorama cambia. La ciudad se está convirtiendo en uno de los puntos más relevantes de las Américas en materia de conectividad. No es un mercado de cómputo. Está emergiendo como un gateway de conectividad. Y nuestra lectura es que en los próximos tres a cinco años funcionará como un segundo gateway para las Américas, junto al que la industria ha utilizado durante dos décadas.

Qué hace que un gateway sea gateway, y por qué Miami es el caso observable

Cuando la industria llama a Miami “el gateway de las Américas”, esa etiqueta dice más de lo que parece. No es un comentario sobre la población, ni sobre la economía de Florida, ni sobre el tamaño del mercado local de data centers. Es una descripción de función. Miami es donde convergen los cables submarinos internacionales, donde los carriers de todo el hemisferio se encuentran físicamente, y donde el tráfico de toda una región cambia de manos entre el internet global y las redes domésticas de Estados Unidos.

Ese rol no fue asignado. Se construyó con el tiempo por la acumulación de tres elementos. Cables submarinos. Un ecosistema abierto de carriers dispuestos a interconectarse en el mismo edificio. Y una posición geográfica lo suficientemente cercana a los corredores de tráfico continentales como para que aterrizar ahí tuviera sentido para todos los involucrados. El NAP of the Americas, inaugurado en 2001 y operado hoy como Equinix MI1, concentra actualmente dieciocho sistemas de cable submarino bajo un mismo techo, según información pública disponible. Florida en su conjunto cuenta con diecisiete estaciones de aterrizaje activas y siete más en construcción o planeación.

Si quitamos el marketing, eso es lo que es un gateway. Una ubicación de convergencia donde los cables, la interconexión neutral y la geografía se refuerzan mutuamente hasta que el sistema trata a ese lugar como nodo de referencia. La pregunta que vale la pena hacer es si esas condiciones pueden emerger en una segunda ubicación.

Nuestra lectura: Cancún es donde están emergiendo

Nuestra visión es que esas condiciones ya están en marcha, y que Cancún es el lugar del hemisferio occidental donde están convergiendo a mayor velocidad. Los próximos tres a cinco años no decidirán si Cancún se convierte en el segundo gateway de las Américas. Decidirán qué modelo operativo lo define. Cada uno de los tres componentes que construyeron el rol de Miami está hoy presente en Cancún en alguna forma. La historia no es especulación. Es una cuestión de ritmo.

Los cables ya están convergiendo

Empecemos por la base material. Según la base de datos de cables submarinos de TeleGeography, hoy hay cuatro sistemas de cable submarino operativos en Cancún. AMX-1, en servicio desde 2014. MAYA-1, en servicio desde 2000. ARCOS-1, en servicio desde 2001. GigNet-1, en servicio desde 2021. Tres más están comprometidos y en construcción o planeación, y todos aterrizan en Cancún dentro de los próximos dos a tres años. MAYA-1.2, con el que Liberty Networks reemplaza y moderniza el anillo original de MAYA-1, está en construcción. MANTA, el sistema del consorcio liderado por Liberty Networks, Gold Data y Sparkle, está en camino para entrar en servicio en 2027. TAM-1, un sistema privado registrado ante la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos que conecta Florida con Cancún, Puerto Barrios y Puerto Cortés, suma un tercer aterrizaje planeado.

Eso lleva a Cancún a siete sistemas de cable operativos o comprometidos para finales de esta década. Como referencia, el NAP of the Americas en Miami concentra hoy dieciocho. La proporción todavía no es de paridad. La dirección importa más que el conteo estático. El volumen de capacidad submarina nueva que está eligiendo activamente a Cancún como punto de aterrizaje supera todo lo que la ciudad había visto desde que llegaron los primeros cables hace más de dos décadas. La escala técnica también es distinta. Solo MANTA está diseñado con hasta dieciocho pares de fibra y una capacidad de diseño de alrededor de veinte terabits por segundo por par, comparable a los cables internacionales más grandes que se están construyendo en cualquier parte de la región.

La infraestructura se está construyendo. Y la composición de lo que se está construyendo es lo que cambia el argumento.

La geografía coloca a Cancún en una convergencia natural

La geografía hace la segunda parte del trabajo. Cancún se ubica en el punto de aterrizaje más accesible de la costa mexicana hacia el Atlántico, lo cual lo convierte en un destino natural para tres flujos de tráfico distintos. Cables que suben desde el Caribe y Centroamérica. Cables que cruzan desde la costa este de Estados Unidos. Cables que llegan desde Colombia y el lado atlántico de Sudamérica. Ningún otro punto en México agrupa esos tres vectores con la misma eficiencia.

Lo que completa el panorama es lo que pasa tierra adentro. Querétaro se está consolidando como el principal hub de interconexión de México. La Asociación Mexicana de Data Centers (MEXDC) reporta veintiséis proyectos de data centers actualmente en desarrollo en Querétaro, incluyendo campus hyperscale de Microsoft y CloudHQ, mientras que el estado ya concentra cerca de dos tercios de la capacidad instalada del país. Esa concentración genera una gravedad natural para todo el tráfico internacional que entra a México, y la ruta más corta y de menor latencia desde los puntos de aterrizaje submarino del oriente del país hacia Querétaro pasa por Cancún. El emparejamiento no es coincidencia. Un gateway costero necesita un centro de interconexión doméstico al cual alimentar, y un centro de interconexión necesita el punto de entrada internacional más limpio posible. Cancún y Querétaro forman ese par. Cada uno vale más porque el otro existe.

El sistema está pidiendo un segundo polo

La tercera condición no está en Cancún. Está en Miami, y en cómo la industria está respondiendo a ella.

Miami ha cargado con el rol de principal punto de entrada de Latinoamérica durante la mayor parte de dos décadas. Eso ha producido una densidad extraordinaria, y también una concentración extraordinaria. La metrópoli se ubica en uno de los corredores de huracanes más activos del hemisferio, con disrupciones documentadas en sistemas de cable submarino atribuibles a eventos físicos en la infraestructura de aterrizaje de Florida. El propio NAP of the Americas se ha consolidado como un mercado donde la expansión de capacidad viene con las contrapartidas típicas de cualquier hub saturado.

Y la industria ya está respondiendo. La característica que define a casi todos los nuevos cables submarinos del hemisferio occidental es la búsqueda explícita de diversidad de rutas. MAYA-1.2 introduce un anillo renovado en el Caribe que reduce la dependencia de segmentos envejecidos. MANTA fue concebido como el primer cable submarino internacional que entra al Golfo de México, diseñado para ofrecer rutas de baja latencia entre México, Panamá, Colombia y Estados Unidos sin duplicar las trayectorias existentes. Como un ejemplo reciente del mismo patrón, la selección de MDC por parte de MANTA para alojar sus Cable Landing Hubs en Cancún y Veracruz refleja cómo los sistemas nuevos están combinando deliberadamente rutas diversificadas con modelos de aterrizaje neutral (más información). La misma fuerza se observa del lado de los carriers. Los operadores mexicanos establecidos han empezado a tratar la diversificación de rutas hacia Estados Unidos como una prioridad comercial activa y no como un tema rezagado, y sus equipos de ventas ya están ofreciendo rutas alternativas como parte de sus propuestas. Demanda y oferta están convergiendo hacia la misma respuesta desde direcciones opuestas.

Esto no es Miami en declive. Miami sigue siendo esencial. Un sistema que depende de un único punto de entrada principal para toda una región inevitablemente construye un segundo polo. Ese segundo polo tiene que aterrizar en algún lugar. Los cables ya nos están diciendo dónde.

Qué significa realmente un “segundo gateway”

Un segundo gateway no reemplaza al primero. Lo completa.

La distinción que vale la pena retener es lo que hace cada ubicación en términos funcionales. Querétaro es un hub. Un lugar donde se concentran las redes domésticas, donde se agrega el cómputo, donde vive la densidad de interconexión del país. Cancún se está convirtiendo en algo distinto. Es un gateway. El lugar donde el tráfico internacional entra y sale del país antes incluso de llegar al hub. Nuestras instalaciones a lo largo de la frontera terrestre entre Estados Unidos y México siguen cumpliendo su propia función, proveyendo los cruces terrestres que han servido a la región durante dos décadas. Cada una cumple un rol distinto. Ninguna sustituye a la otra. Juntas forman la arquitectura sobre la que va a correr la siguiente fase de la infraestructura digital latinoamericana.

Los próximos tres a cinco años no decidirán si Cancún se convierte en un segundo gateway. Los cables, la geografía y el propio comportamiento de la industria ya resolvieron esa pregunta. Lo que los próximos tres a cinco años decidirán es el modelo operativo que lo va a definir. Abierto o propietario. Neutral o cerrado. De un solo cable o multi-cable. Esa es la pregunta que los cables están trayendo a tierra. Es la misma pregunta que Miami respondió a principios de los años 2000, y esa respuesta moldeó dos décadas de tráfico digital latinoamericano. Cómo la responda Cancún moldeará las próximas dos.